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Tiempo de pactos, pero ¿para qué? febrero 19, 2010

Posted by Iván in Actualidad política, Economía.
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Anda estos días revuelto el personal ante las diferentes propuestas lanzadas por gobiernos y formaciones políticas para alcanzar pactos o acuerdos de consenso con el fin, parece ser, de salir de la dificil y compleja situación económica por la que atravesamos. Todavían hoy resuenan los ecos de la última sesión del Congreso de los Diputados en la que se trató el tema a nivel estatal, con las intervenciones de Rodriguez Zapatero y Rajoy, en sus papeles de Presidente del Gobierno y líder del principal partido de la oposición.

Sin duda, esta reciente fiebre pactista responde al convencimiento general de que la única forma de remontar la actual coyuntura es a través de un esfuerzo colectivo y en la misma dirección que conllevará serios sacrificios por parte de todos (o la mayoría). El loable esfuerzo de los agentes implicados no puede esconder, sin embargo, que el ofrecimiento llega con un notable retraso, puesto que la crisis ya dejó sentir sus efectos durante el pasado año y que su inicio bien puede encontrarse en el año 2007. La destrucción de empleo, los EREs, el cierre de empresas, la no renovación de contratos y un largo etcétera eran fenómenos que un número elevado de personas estaban sufriendo en sus propias carnes ya a mediados del año 2008. En Aragón, los fastos de la Expo ocultaron la realidad durante unos meses a los ojos de la opinión pública, pero también supuso que la vuelta a la cruda realidad fuese mucho más virulenta y dramática que en el resto del Estado.

A pesar de la, en principio, buena intención última de la iniciativa en cuestión, es imposible abstenerse de sospechar que la misma viene impregnada de cierto tufillo electoralista y oportunista. No cabe duda de que a ojos de la ciudadanía es muy “vendible” tender la mano para arrimar el hombro y buscar una salida colectiva a la crisis, con lo que lanzar iniciativas como esta puede tener, a ojos de nuestros dirigentes políticos, una destacable rentabilidad electoral.  Así, existe una delgada línea entre el llamado sentido de Estado y la responsabilidad por un lado y el populismo y el oportunismo por otro, una línea muy tentadora de cruzar entre los paladines de la política estética que rigen nuestros destinos como sociedad. Pero entonces, ¿cómo distinguir si estamos en un caso o en otro?

Creo que la respuesta a esta pregunta cabe buscarla no tanto en las grandilocuentes palabras lanzadas por los líderes políticos sino en sus acciones. Aunque los ofrecimientos de pactos son múltiples en estos días, rara vez estos han venido secundados con propuestas concretas que posibiliten que se produzca un punto de inflexión en la situación económica y social del país. En el mejor de los casos, las propuestas de acuerdo han venido de la mano de propuestas genéricas y desde luego inócuas como la mejora de la protección social, el cambio de modelo productivo, la necesidad de aplicar medidas de austeridad y de mejora de la eficiencia del gasto público, de apoyo a familias y Pymes o la reactivación del crédito. Grandes palabras pero poco más, nada de concreción, nada tangible.

El problema surge cuando una gran parte de la población está esperando como agua de Mayo una luz al final del tunel, un cambio que le permita recuperar la ilusión de nuevo, ver que se toman medidas para cambiar las cosas. En definitiva acciones en vez de palabras.

La clase política española no tiene excesivo margen de maniobra ante esta dificil situación de crisis global. Durante años ha estado defraudando a la ciudadanía con sus comportamientos y actitudes que poco o nada importan a los sufridos votantes, que ven como sus problemas no parecen interesar a sus señorías y excelentisimos Sres. y Sras. Lanzar propuestas de pactos por puro interés electoral, sin ningún fundamento ni voluntad real de acuerdo y de resolver los problemas que afectan a un número tan elevado de ciudadanos solo llevará a la desilusión, al hartazgo y al desprecio a la vida pública en general, ahora que es más necesario que nunca una intervención decidida y coordinada desde el conjunto de las Administraciones Públicas.

Dicen que de los fracasos se aprende más que de los éxitos. Posiblemente la lección más interesante que se pueda entresacar de la fallida Cumbre del Clima de Copenhague en referencia al tema en cuestión sea la que tan gráficamente expresaron diferentes activistas y responsables de Green Peace durante la cena de honor ofrecida por la Reina de Dinamarca al desplegar diferentes pancartas con el acertado lema “POLITICIANS TALK, LEADERS ACT”, esto es, “LOS POLÍTICOS HABLAN, LOS LÍDERES ACTUAN”.

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